Intervención de S. G. Irinej[Bulović], Obispo de Bačka

S. G. IRINEJ [Bulović]
Obispo de Bačka
(Serbia y Montenegro)

Viernes, 26 de octubre de 2012

1. Para cada generación de cristianos, la evangelización del mundo es siempre una nueva evangelización. O mejor dicho, no es esencialmente nueva pero es realizada de nuevo cada vez, de una manera nueva, en otras condiciones de diálogo en cada nueva época, con una mayor o menor renovada inculturación. Por otra parte, Dios-Hombre Jesucristo es Uno y el mismo, ayer, hoy y para siempre.

2. El proceso teándrico de evangelización es individual y unitario, pero bastante variado y polifacético en sus formas y métodos. Nos dirigimos al hombre despersonalizado y secularizado de Europa Occidental y de América de un modo bastante distinto a cómo nos dirigimos al hombre igualmente despersonalizado y espiritualmente devastado, aunque de forma distinta, de Europa del Este y de los antiguos países soviéticos, y anunciamos la Buena Nueva de Cristo tanto al uno como al otro de manera diferente a como lo hacían nuestros predecesores hace sólo unas décadas en una sociedad que era mayoritariamente, o al menos formalmente, cristiana.
Sin embargo, los modelos y caminos tradicionales básicos de evangelización siguen siendo necesarios y útiles, de hecho irremplazables. Desde luego, el éxito en la evangelización no es posible hoy día sin la utilización de todas las posibilidades tecnológicas modernas (radio, televisión, internet, etc.), pero no debe olvidarse que nada puede reemplazar la palabra viva y el testimonio directo de nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor.

3. El objetivo de la evangelización no debe ser el simple aumento del número de cristianos y, especialmente, no la creación de cristianos nuevos y separados de los ya existentes, o incluso semi-cristianos (si bien esto es mejor que nada); más bien, el objetivo debe ser el crecimiento verdadero del Cuerpo de Cristo en altura y en anchura, como también el crecimiento y maduración espiritual de los cristianos como personalidades auténticamente virtuosas y libres, es decir, en un estado dinámico de santidad, deificación, cristificación, que en práctica significa eclesialización (ekklesiasmós).

La evangelización es moverse en dos direcciones paralelas: ad intra y ad extra. La primera, interna, dirigida a los cristianos, es la condición previa y el requisito previo para tener éxito en la segunda, externa, orientada hacia los futuros cristianos potenciales.

4. Para poder evangelizar a nuestros vecinos, primero debemos evangelizarnos nosotros, en sinergía con el Espíritu Santo, el Paráclito que nos purifica y nos salva. La potestad en la Iglesia emana del sacrificio y el servicio, y no se funda sobre el poder y la sumisión. El tiempo del triunfalismo es para la Iglesia una cosa del pasado, y esto es bueno: la evangelización contemporánea es exclusivamente kenótica, humilde, diaconal, relativa a la crucifixión-resurrección.

No sólo las personas necesitan una nueva evangelización: también la necesitan los servicios eclesiásticos, es decir, las mismas instituciones eclesiásticas. El innatural antagonismo espiritual entre carisma e institución debe ser superado: la institución eclesiástica es, por definición, carismática. En este contexto, la nueva evangelización es también bienvenida para la vida monástica cristiana.

5. Dónde y cuándo sea posible, creo que deberíamos llevar adelante la evangelización ad extra con un esfuerzo común, apoyándonos mutuamente los unos a los otros. La mayoría de las veces esto se realiza fácilmente. No hay peligro que durante nuestro testimonio común sobre las verdades fundamentales de la fe y la vida ante nuestros contemporáneos se creen discusiones sobre cuestiones dogmáticas.

Especialmente válido es nuestro testimonio común sobre los actuales problemas vitales de la humanidad, incluyendo los problemas bioéticos y ecológicos, como también las comparecencias comunes ante los órganos de gobierno, los medios de comunicación y las distintas entidades seculares. Nosotros en Serbia poseemos una experiencia relativamente larga y fecunda en este tipo de actividades evangélicas ecuménicas o comunes por parte de los cristianos.

Una relación de este tipo requiere apertura sincera, confianza mutua y, sobre todo, amor. Creo que la irradiación espiritual del Concilio Vaticano II entre vosotros, y el auténtico espíritu y la Tradición viva de la Iglesia Ortodoxa entre nosotros tiene un efecto más sólido que el espíritu del provincialismo sectario. “Pues el que está en vosotros es más que el que está en el mundo” (1 Jn 4, 4).

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