Relación de los Círculos Menores Anglicus B

S. E. R. Mons. Bernard LONGLEY
Arzobispo de Birmingham
(Gran Bretaña)

Viernes, 19 de octubre de 2012

La nueva evangelización no es ni una estrategia ni un programa, sino una invitación a un encuentro y a una relación para toda la vida con Jesucristo y su Iglesia. Implica enamorarse con la persona de Jesucristo y su esposa, la Iglesia Católica. Este encuentro con Cristo tiene lugar en y a través de la Iglesia para no promover una falsa dicotomía entre espiritualidad y religión. Los encuentros con Cristo en la Iglesia ayudan a los fieles a entender la necesidad de la salvación y el perdón de los pecados. Siguiendo el encuentro inicial con Cristo, los fieles desean pasar su tiempo con el amado en oración, en el sacramento y contemplando el rostro de Dios (Novo Millenio Ineunte).

Por lo tanto, los Padres Sinodales podrían proponer un acompañamiento para toda la vida de cada católico en su viaje hacia la fe, modelado según el viaje de Cristo con los dos discípulos en el Camino a Emaús. Los fieles necesitan el trabajo continuo de una catequesis sistemática, exhaustiva y permanente.

La evangelización y la catequesis deben ayudar a los fieles a conocer, comprender, vivir y compartir la fe. Una catequesis para los jóvenes y los adultos, adecuada para cada edad, presentada de un modo interesante y apologético y que responda a las preguntas sinceras de cuantos participan en su formación, mejorará la Nueva Evangelización. Esta presentación básica de los fundamentos de nuestra fe, tal como se encuentran en el Catecismo de la Iglesia Católica, de una manera atractiva e interesante, por ejemplo durante la Jornada Mundial de la Juventud, ayudaría a reavivar la confianza en la fe y una mayor capacidad para compartirla con otros.

Patrocinar algunas iniciativas ayudaría a la Nueva Evangelización y a la catequesis: Lectio Divina; enseñanza de la oración; facilitar el acceso a las Sagradas Escrituras y al Sacramento de la Penitencia (tal vez impartiendo el Sacramento en nuevos periodos del año y con una base consistente durante la Cuaresma y el Adviento); peregrinaciones; compartir las historias de los santos y los mártires, dar a conocer el excelente trabajo y ministerio realizados por las instituciones y apostolados católicos.

Dialogamos sobre la presentación de los Sacramentos desde una nueva perspectiva para que llegue a la sociedad contemporánea. La preparación individual a los sacramentos debe modelar el catecumenado y permitir encuentros personales con Cristo y el anuncio del kerigma. Las pequeñas comunidades cristianas pueden ayudar a que las personas se conozcan entre ellas, facilitando la oración y la reflexión sobre las Escrituras.

Animamos a los Padres Sinodales a rezar por un nuevo Pentecostés para toda la Iglesia, y a comprender mejor los modos mediante los cuales el Espíritu Santo está trabajando en la Iglesia y en la vida de los católicos y demás cristianos. Insistimos sobre la importancia de una Liturgia bien celebrada y en homilías que inspiren y compartan la fe de una manera convincente. Para ello será necesario que el clero esté formado en liturgia, homilética y la Nueva Evangelización, pues son formadores de los nuevos evangelizadores.

Para ser predicadores eficaces, los laicos necesitan una mejor preparación para la evangelización. Esto debe incluir la doctrina, que ayudará a los predicadores a compartir la fe, tal vez mediante una utilización más extendida de imágenes adecuadas para las personas a las que sirven, algunas de las cuales podrían ser iletrados, y la humildad, para adquirir la capacidad de articular su propia historia de fe y testimonio de Cristo.

Nuestro grupo desearía animar a los obispos, sacerdotes y diáconos permanentes a conocer la vida de las personas a las que sirven de una manera más personal. El obispo es un predicador que guía con su ejemplo y comparte con todos los bautizados las bendiciones de lo que llamamos evangelización. Su ministerio tiene que tener las características del pastor (ad intra) y del pescador (ad extra). Es necesaria la formación continua del clero sobre la Nueva Evangelización y los métodos para evangelizar en la diócesis y en la parroquia.

La familia es el centro privilegiado para la nueva evangelización. Las familias católicas tienen una gran necesidad de apoyo y asistencia directa por parte de la Iglesia y la parroquia para convertirse en testigos de la fe. La inculturación continua del Evangelio podría unir la vida de Cristo con la vida y la cultura de todos los pueblos. La inculturación del Evangelio implica ser, cada vez más, una Iglesia acogedora de los inmigrantes y los necesitados.

También hemos considerado la contribución de los religiosos y los testigos de vida consagrada; la institución de los catequistas como un ministerio estable dentro de la Iglesia; la necesidad de una catequesis posterior a los sacramentos, sobre todo después de la Confirmación; la sabiduría de consultar nuestro Derecho Canónico cuando se formulen políticas diocesanas; las necesidades particulares de la comunidad sorda y la gestión de los recursos naturales en periodos de conflicto o guerra.

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