Intervención de Mons. Virgil Bercea, Obispo de Oradea Mare

S. E. R. Mons. Virgil BERCEA
Obispo de Oradea Mare
Gran Varadino de los Rumanos
(Rumania)

Lunes, 15 de octubre de 2012

La nueva evangelización no puede llevarse a cabo de forma distinta a la primera. Necesita santos, profetas, hombres y mujeres llenos de Espíritu Santo. Por esta razón, los evangelizadores de hoy deben redescubrir esas características, esos rasgos que han distinguido desde siempre a los evangelizadores, pues sólo de este modo su predicación es accesible y creíble.

Se viven nuevos retos para los que a menudo no estamos preparados; un mundo lleno de nuevos ídolos ante los cuales el hombre de hoy se inclina: espacios como clubs o supermercados abarrotados, respecto a la frecuencia de la práctica litúrgica. Nuevos templos que exaltan una manera distinta de vivir, paralela completamente a la propuesta por la Iglesia. Sensaciones fuertes y rápidas, experiencias intensas: esto es lo que buscan los jóvenes de hoy, y no sólo ellos.

Rumania vive hoy un fenómeno migratorio muy extendido (cfr. Instrumentum laboris n. 55): más de cinco millones de emigrantes en todo el mundo. Esta masiva emigración, desde las tierras de origen a los países de Occidente, une al sufrimiento de la separación de la propia tierra el recíproco intercambio de dones.

Ante todos estos retos tenemos que encontrar un lenguaje y un método que puedan llegar al corazón del hombre de la post-modernidad. Creemos que las personas ejemplares, la oración que integra al hombre en su totalidad (cuerpo-mente-corazón) y la escuela del icono son métodos antiguos, pero siempre nuevos para la nueva evangelización.

La Iglesia Greco-Católica de Rumania quiere compartir humildemente su experiencia reciente. Deseamos que dicha experiencia pueda ser un icono para toda la Iglesia. Los estigmas del testimonio, hasta el derramamiento de sangre, de 12 obispos, sacerdotes y laicos, fallecidos en las cárceles por la gran culpa de ser católicos durante el régimen comunista, constituyen el camino principal para las generaciones futuras. Detrás de los barrotes, sus oraciones eran un apoyo para los que se habían quedado en casa y hoy se transforman en un estímulo para la nueva evangelización. El testimonio, que se hizo sangre y sufrimiento, humedeció nuestra tierra de Rumania y se extiende a toda la Iglesia. El ejemplo de estos mártires evangeliza, su testimonio fortifica y da valor para el nacimiento de nuevos cristianos. Las personas ejemplares se han transformado en oraciones, en iconos.

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