Intervención de Mons. Vincenzo Paglia, Presidente del Pontificio Consejo para la Familia

S. E. R. Mons. Vincenzo PAGLIA
Arzobispo-Obispo emérito de Terni-Narni-Amelia
Presidente del Pontificio Consejo para la Familia
(Ciudad del Vaticano)

Lunes, 15 de octubre de 2012

El Santo Padre en la homilía de apertura del Sínodo ha subrayado: “El matrimonio constituye en sí mismo un Evangelio, una Buena Nueva para el mundo actual” porque “se funda en la gracia que viene de Dios Uno y Trino”.La unión entre el hombre y la mujer habla con fuerza de Dios. Es una buena nueva porque responde a la necesidad radical de familia, inscrita, desde el origen, en lo profundo del hombre y de la mujer. Dios dijo: “No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada” (Gn 2, 18). El hombre solo no es nada: todo se juega en la interdependencia. Sin embargo, tanta historia occidental se ha concebido como liberación de todo vínculo, incluso de los familiares. La deflagración de la familia se presenta como el problema número uno de la sociedad contemporánea, aunque pocos se den cuenta de ello. Pero no es así para la Iglesia, de verdad “experta en humanidad”, como afirmó Pablo VI. Nosotros no podemos callar. Y no por conservadores o defensores de una institución obsoleta. Se cuestiona la misma estabilidad de la sociedad. Ciertamente, es urgente, muy urgente, efectuar una reflexión cultural más atenta para que la Familia conquiste el centro de la política, de la economía, de la cultura, y una estrategia más solícita para defender los derechos en las sedes nacionales e internacionales. Se ha de subrayar otro aspecto. Aunque sean una minoría, son innumerables las familias cristianas que viven, a veces heroicamente, la fidelidad y el compromiso matrimonial y familiar. Esta tlineextraordinaria luz de amor se ha de poner en el candelero para que ilumine y caliente nuestro mundo tan entristecido y ofuscado. La Iglesia ha de ser cada vez más la familia de las familias, también de las que están heridas, viviendo un recíproco movimiento de dar y tener. Aquí se abre el amplio espacio de la familia como sujeto de evangelización. Juan Pablo II sostenía: “la futura evangelización depende en gran parte de la iglesia doméstica”. La experiencia nos dice que la Iglesia atrae, si vive verdaderamente de manera familiar. Y si en tantos rincones del mundo constatamos una infecundidad pastoral, ¿no es porque somos más institución que familia? Viviendo la Iglesia de manera familiar y la familia como pequeña iglesia – es el desafío a una Iglesia de comunión, como deseaba el Vaticano II – saborearemos también hoy la alegría de la primera comunidad cristiana cuando “el Señor agregaba al grupo a los que cada día se iban salvando” (Hch 2, 47).

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