Intervención de Mons. Baselios Cleemis Thottunkal, Arzobispo Mayor de Trivandrum de los Siro-Malankareses

S. E. R. Mons. Baselios Cleemis THOTTUNKAL
Arzobispo Mayor de Trivandrum de los Siro-Malankareses
Jefe del Sínodo de la Iglesia Siro-Malankara
(India)

Sábado, 13 de octubre de 2012

Se estima que el 60% de la población mundial vive en Asia. Asia es la cuna de numerosas religiones universales, incluido el Cristianismo. Vengo del continente asiático, en concreto del subcontinente de la India, donde la gente ha asistido a una fuerte propagación de los mensajes religiosos. Aunque el Cristianismo tenga una historia diferente que compartir, la sociedad asiática actual, en la cual los creyentes de otras religiones constituyen una mayoría predominante, no parece que aprecie ni conozca términos como proclamación, evangelización, etc. Estos términos han inculcado en ellos un modo de pensar diferente y, por consiguiente, una actitud diferente. Aquí querría subrayar las mismas palabras de Jesús: “seréis mis testigos…” (Hch 1, 8). Nuestra querida beata la Madre Teresa de Calcuta llevó al mundo, especialmente a la India, unos medios muy prácticos de evangelización, un modelo de testimonio. Tengo que decir que se convirtió en la misionera más eficaz en una tierra en la cual los cristianos no llegan ni al tres por ciento de la población. La Madre Teresa dio testimonio de Jesús en todas partes. En la historia de la India ella es y será siempre un modelo y un símbolo de cristiandad. El modelo testimonial comienza por ti y por mí.

En la modernidad las personas piensan que pueden hacer cualquier cosa, que existen gracias a sus capacidades. Esta actitud lleva a una imagen desfigurada de la realidad sobrenatural, incluso de la esencia de la vida humana. Los responsables de la evangelización, especialmente quienes viven el ministerio sacerdotal, personas dotadas de “don y misterio” (beato Juan Pablo II) deben tomar medidas concretas en las celebraciones litúrgicas para hacer de los sacramentos medios más tangibles de “experiencia del Enmanuel” durante esas horas de gracia. Socializar unos con otros tiene cabida en todas partes, mientras que el diálogo con el Señor se ha arrinconado en todas partes.

Jesús dijo: “yo he venido para que tengan Vida, y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10). La plenitud de la vida, la vida en abundancia se realiza plenamente sólo cuando las personas entran en la vida eterna. Indicar el camino hacia la vida en abundancia es la obra de la Iglesia. Si la Iglesia, la continuidad de Jesús en el mundo, se distancia de todo proceso de aumentar la plenitud de vida, de cualquier medio de garantizar la dignidad humana, podemos estar seguros de que la experiencia y el testimonio del Enmanuel se debilitará en esa parte del mundo. Cualquier intento de la Iglesia de promover la dignidad humana, de hacer justicia a los desfavorecidos es un auténtico signo de obediencia a la voluntad de Jesús. Elevar la dignidad humana, hablar por los que no tienen voz, ser símbolo de justicia, promover valores democráticos, etc. deben considerarse seriamente como signos de promoción de la vida humana, que finalmente lleva a las personas a la vida en abundancia.

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