Intervención del Prof. Emmanuel [Adamakis], Metropolitano de Francia

Prof. EMMANUEL [Adamakis]
Metropolitano de Francia
Presidente de la Conferencia de Iglesias Europeas
Delegado Fraterno

Jueves, 11 de octubre de 2012

Al preparar esta modesta alocución, me pregunté qué lazo se podía tejer entre el compromiso ecuménico, como misión del cristianismo contemporáneo, y la evangelización, como transmisión de la fe cristiana. La sustancia de ambos temas estriba en el misterio de la encarnación. No podemos, pues, quedar satisfechos únicamente con la elaboración teológica, o intelectual, de este misterio. Me parece esencial comprender el misterio de la encarnación del mismo modo que San Ireneo de Lyon, es decir, como un poder “recapitulativo” de toda la humanidad, es decir, de la creación en su conjunto.

Desde entonces, las enseñanzas de los Padres de la Iglesia nos proponen contemplar la convergencia entre el esfuerzo teológico y la experiencia de un cristianismo encarnado en el mundo y arraigado en el tiempo. Esta experiencia no es simplemente la recapitulación de ciertas sabidurías, sino más bien una nueva configuración total, por no decir holística del hombre cuerpo, alma y espíritu.

Así, ¿cómo articular ecumenismo, evangelización y transmisión de la fe? En efecto, no es cosa fácil y remite a consideraciones que los límites de tiempo que se me han concedido no me permiten abordar en profundidad. Sin embargo, conviene reconocer que a través de los tres términos de mi pregunta inicial, podemos descubrir un aspecto destacado que permite poner de relieve su sentido; puesto que el corazón de la problemática que nos interesa no remite tanto a la fe como tal, sino a las respuestas que la fe es capaz de aportar a nuestro mundo contemporáneo. En resumen, lo que prima en el título de este encuentro es saber a qué campo semántico remite el término “nuevo”. Sólo así podremos aportar una respuesta adecuada a los interrogantes que se plantean nuestros hermanos y hermanas. La globalización y la sociedad de consumo no son más que los epifenómenos de un problema más profundo: el cambio, la transformación de la esperanza en búsqueda de felicidad. Nuestros contemporáneos han perdido la esperanza y no buscan sino la felicidad. Algunos podrían preguntarse cómo ha podido tener lugar este cambio y cómo responder a él. Recuperar el encanto de la esperanza consiste en definir el vínculo que existe entre Dios y el hombre, entre las distintas personas humanas, y en el seno mismo de cada personalidad. Cuando Cristo declara que Él es “la verdad, el camino y la vida”, no habla de conceptos desencarnados, sino más bien de principios dinámicos fundados en el zócalo del único Logos.

Por consiguiente, el Logos también es vínculo y relación. Así, la felicidad se transforma en esperanza en la medida en que cada persona aprende a conocerse como ser en relación, por no decir como ser en comunión. Cristo es objeto de comunión y, al mismo tiempo, es vínculo de comunión. Cuando la felicidad individual va unida al destino colectivo, es decir la Iglesia, se transforma en esperanza bajo el efecto de la escatología, el advenimiento del final de los tiempos.

Estas consideraciones no se alejan demasiado de mi propósito inicial, que trata de comprender el lugar del ecumenismo dentro de las nuevas formas de evangelización. De hecho, el ecumenismo es una obligación de superar nuestras representaciones, que a menudo se limitan a simples guerras de campanario. Sin embargo, una actitud así no toma en consideración el mensaje salvífico que trajo Cristo. La experiencia ecuménica, tal como la vivimos en el marco de la Conferencia de las Iglesias Europeas, reflexiona activamente sobre la manera de reconciliar la división entre los cristianos con la evangelización. Es por esto que las Iglesias y comunidades cristianas miembros de la CIE se han comprometido, y cito: “a hablar de nuestras iniciativas de evangelización con las demás Iglesias, a concluir acuerdos al respecto y a evitar así una competencia dañina y el peligro de nuevas divisiones”. Con estas consideraciones en el corazón, me parece que queda mucho por explorar en el plano pastoral. Nos permitiría, como condición previa necesaria para la reconstrucción de la unidad de los cristianos, dar testimonio de un modo más justo de nuestra fe común. Por lo tanto, pido que toméis en consideración en vuestras reflexiones la dimensión ecuménica de la evangelización.

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