Intervención del Card. Jean-Louis Tauran, Presidente del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso

S. Em. R. Card. Jean-Louis TAURAN
Presidente del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso
(Ciudad del Vaticano)

Miércoles, 10 de octubre de 2012

Hago referencia al n. 73 del Instrumentum laboris. Leemos: “el contexto interreligioso y la confrontación con las grandes religiones de Oriente es visto como una ocasión ofrecida a nuestra comunidades cristianas para profundizar la comprensión de nuestra fe, gracias a los interrogantes que tal confrontación suscita en nosotros”.Algunos cristianos, ignorando a menudo el contenido de su fe e incapaces por ello de vivirla y vivir en ella, no son aptos para el diálogo interreligioso que empieza siempre afirmando las propias convicciones: ¡no hay espacio para el sincretismo ni el relativismo!

Frente a los adeptos de otras religiones con una fuerte identidad religiosa, es necesario presentar a unos cristianos motivados y doctrinalmente formados. Ello hace que la nueva evangelización sea una prioridad, dirigida a formar cristianos coherentes, capaces de rendir cuentas de su propia fe, con palabras sencillas y sin miedo.

El diálogo interreligioso se convierte así en una ocasión de profundización y en un testimonio de su fe. Creo que hoy los creyentes deben aceptar tres retos:

El reto de la identidad: ¿Quién es mi Dios? Mi vida, ¿está en armonía con mis convicciones?

El reto de la alteridad: aquel que practica una religión distinta a la mía no es necesariamente un adversario, sino más bien un peregrino de la verdad;

El reto del pluralismo: Dios obra en cada persona por vías que sólo Él conoce (AG 7).

Por supuesto no se trata de poner entre paréntesis nuestra fe, de doblegarnos ante las persecuciones y discriminaciones de las cuales son víctimas tantos de nuestros hermanos y hermanas del mundo, especialmente los cristianos. Al contrario, es necesario denunciar con la mayor fuerza posible la violencia que hiere y mata. Ésta es aún más injustificable si se escuda en la religión.

Sin embargo, debemos recordar también los aspectos positivos, como la amistad diaria expresada por gestos de fraternidad y proximidad. La armonía entre creyentes a menudo aporta a las sociedades de las que son miembros una dimensión espiritual de la vida, antídoto a la deshumanización y a los conflictos.

Pienso, por ejemplo, en las jornadas que acabamos de vivir en Líbano. Usted nos ha recordado, Santo Padre, que vivir juntos implica confiar en el otro, rechazar la venganza, reconocer los propios errores y tener la valentía de perdonar. Entonces, y cito: “sólo entonces podrá crecer el buen entendimiento entre las culturas y las religiones, la consideración sin conmiseración de unos por otros y el respeto de los derechos de cada uno” (Palacio Presidencial de Baabda, 15 de septiembre de 2012).Y hemos oído al Muftí de la República afirmar: “Para nosotros, musulmanes, los cristianos son una riqueza”.

Tenemos que mencionar también que la cadena televisiva Al Jazeera ha transmitido prácticamente en directo los distintos actos de este viaje apostólico, cuyo mensaje ha llegado también a miles de familias musulmanas.

En medio de tanta aprensión, es saludable mencionar estos signos positivos que pavimentan el largo camino que lleva hacia un diálogo sereno y fecundo.

El 28 de octubre de 1965, los Padres Conciliares, refiriéndose a las tradiciones religiosas orientales, no dudaron en afirmar que: “La Iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero… (y que) no pocas veces reflejan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres “ (Nostra Aetate, 2). Sin duda alguna, podemos aplicar este principio a otras religiones.

En todo caso, a pesar de las dificultades, las ambigüedades y los retrocesos, ninguna de las partes comprometidas en este diálogo entre creyentes lo ha cuestionado. Quizás porque aquí o allá, hombres y mujeres han tenido el valor de perseverar demostrando así que la creencia religiosa inspira la paz, fomenta la solidaridad, promueve la justicia y defiende la libertad.

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