Intervención de Simo Peura, Obispo de Lapua

S.E. Simo PEURA
Obispo de Lapua (Finlandia)
Delegado Fraterno

Martes, 9 de octubre de 2012

1. El papel de la cristiandad está cambiado sorprendentemente en los países cristianos. Por lo tanto, el tema del Sínodo de los Obispos, la Evangelización, es crucial para todas las iglesias cristianas. Reconocemos la necesidad de una renovación de la iglesia y de sus miembros en comunión también con las iglesias luteranas. Tenemos sed de vida espiritual fresca y de una nueva fortaleza en la fe. Por este motivo, agradecemos la oportunidad de estar con ustedes en este camino, en el cual encontraremos juntos la alegría de creer.

2. La fe cristiana es un encuentro entre el ser humano y Jesucristo. Cuando la Iglesia proclama el Evangelio y se ocupa de los sacramentos, crea la posibilidad de este encuentro de personas. Este encuentro personal con Jesucristo a través de su Espíritu nos transforma: afecta a la metanoia en nosotros; nos hace partícipes de la vida divina; crea en nosotros amor hacia los otros cristianos y el mundo que sufre; nos une y nos llama a ser testigos para Cristo y su misericordia. Ha sido muy alentador ver la fuerza con la que el Documento de estudio del Sínodo resalta le lectio divina y la escucha de la Palabra de Dios. Es “para ambos, el creyente y la Iglesia, un sencillo pero poderoso medio de evangelización y renovación en la gracia de Dios” (cf. IL 28-32, 97).

3. El Instrumentum laboris nos llama a volver a las bases y nos guía en este sentido. Uno de las bases de la fe cristiana es el sacramento del bautismo.

El mundo actual nos desafía a defender el bautismo como la base firme de la vida cristiana. El bautismo y la fe nos unen a Cristo y a la Iglesia. Por esta razón, nos entristecemos al ver que muchos padres bautizados no llevan a sus hijos al bautismo y a Cristo. Es nuestro objetivo común hablar en nombre del bautismo de los niños, animando a los padres cuando dudan.

4. El Catecismo de la Iglesia Católica fue publicado hace viente años. Incluye cuatro partes principales: el Credo, los sacramentos, los mandamientos y la Oración al Señor (100). El Sínodo debe también debatir sobre cómo plantear un programa de catequesis, que es la base, que permite transmitir íntegramente los elementos centrales de la fe (104). Estas fueron exactamente las cuestiones a las que se enfrentó Martín Lutero hace casi 500 años.

Él creó el Pequeño y el Gran Catecismo, en el cual los capítulos principales fueron los mismos que en el Catecismo de la Iglesia Católica. Desde entonces, nosotros los luteranos, hemos actualizado los catecismos. Sin embargo, por ejemplo en mi propia iglesia, el nuevo catecismo corresponde al de Lutero. Los elementos centrales de la fe cristiana están explicados de forma breve pero completa y se aprenden de memoria. El modo fundamental para leer y comprender la fe cristiana y el dogma es el modo espiritual.

5. El Instrumentum laboris enfatiza la unión de fe y amor, si queremos evangelizar el mundo. “Como la fe se manifiesta en el amor, así el amor sin fe es, sencillamente, filantropía. Para los cristianos, fe y amor son esenciales el uno para el otro; el uno sostiene al otro” (123). Estoy muy agradecido de que en este punto, p.ej., en la doctrina de la justificación, los cristianos católicos y luteranos hayan alcanzado un consenso para que ya no nos tengamos que condenar unos a otros. La Declaración Conjunta nos obliga a dar un testimonio único, para que el mundo pueda creer y que nuestro seguimiento de Cristo sea creíble. “Lo que une a los Cristianos es más fuerte que lo que los divide” (125).

6. Sólo una Iglesia que sea misionera es también una Iglesia viva en el futuro. Es fácil estar de acuerdo con el Papa Benedicto XVI cuando dice que “todas las Iglesias presentes en los territorios tradicionalmente cristianos necesitan un renovado impulso misionero” (85). Desde un punto de vista luterano, ello incluye ser testigo de Cristo, pero también la diakonia y la defensa de la justicia. Ser consciente del hecho que la tarea misionera de la iglesia continúa, es el modo que nos llevará, con esperanza, a una renovación interna profunda.

El Concilio Vaticano II impulsó a muchas otras iglesias. Desde este Sínodo de los Obispos espero algo similar. Es mi deseo que pueda ofrecer un nuevo estímulo y dirección para la renovación en curso de la Cristiandad. “Auméntanos la fe” (Lc 17, 5), es nuestra oración común al Señor Jesús.

En nombre de la Federación Luterana Mundial les deseo a Ustedes y a este Sínodo de los Obispos la Bendición del Dios Trino.

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