Intervención de Mons. Gerhard Ludwing Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe

S.E.R. Mons. Gerhard Ludwig MÜLLER
Arzobispo emérito de Ratisbona
Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (Ciudad del Vaticano)

Martes, 9 de octubre de 2012

Todos nosotros vivimos en un mundo que diariamente se nutre de “novedades”. Las miles de novedades nos preguntan sobre qué es, en verdad, la novedad. El mundo hodierno, trastornado por mil cambios, está efectivamente falto de novedades porque es prisionero de un pensamiento débil, siempre a la búsqueda de emociones porque está entorpecido por mil cosas que no le satisfacen completamente. Surge, por tanto, la gran pregunta: ¿dónde está verdaderamente la novedad? Al respecto, siguen siendo actuales las palabras de San Ireneo de Lyon: Cristo “ha traído todas las novedades al venir Él mismo” (Adversus haereses, IV, 34, 1). En Él están concentradas todas las novedades.

La nueva evangelización requiere la superación de ciertos debates intra-eclesiales en los cuales, desde hace muchos años, se vuelven a proponer siempre los mismos temas, para proponer de nuevo, en cambio, la fe cristiana en su plenitud y novedad perenne. En esta plenitud y novedad halla consistencia y fuerza de comunión la colegialidad de los Obispos, la cual sin embargo no puede ser un pretexto para un autonomía mal entendida. El Concilio Vaticano II enseña que el Señor, para “que el mismo Episcopado fuese uno solo e indiviso, puso al frente de los demás Apóstoles al bienaventurado Pedro e instituyó en la persona del mismo el principio y fundamento, perpetuo y visible, de la unidad de fe y de comunión” (LG 18). La nueva evangelización exige alcanzar esta comunión, que será eficaz sólo si está fundada en la unidad de los Obispos con el Sucesor de Pedro, y entre ellos. Esta unidad es la piedra angular sobre la cual el Señor edifica su Iglesia.

Estando de nuevo ante Cristo, nosotros alcanzamos esta novedad de vida, capaz de cambiarnos profundamente. Se trata, efectivamente, de renovar la fe en nuestros corazones, de “despertar la Iglesia en las almas” (R. Guardini). Sólo si estamos renovados seremos nuevos evangelizadores. De Cristo Resucitado nace la Iglesia como sacramento de su presencia y de la unidad con Dios y entre los hombres (cfr. LG 1). De Él proviene la fe de la Iglesia: una fe siempre nueva aunque se nutra, siempre, de los mismos dones. Radicados en Cristo y en la Iglesia, nos apoyamos en la fe de Pedro, alrededor del cual encontramos esa sólida unidad que no procede de nosotros y que no disminuye nunca (cfr. UR 4). Pertenecemos todos a esta unidad. A esta unidad queremos servir “para que el mundo crea” (Jn 17, 21).

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Una respuesta a Intervención de Mons. Gerhard Ludwing Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe

  1. Manuel de Elia dijo:

    OK. Cuáles son los temas inútiles y cuáles los que en cambio se imponen?

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