Relación sobre Europa del Card. Péter Erdő, Presidente del Consejo de Conferencias Episcopales Europeas

Card. Péter ERDŐ
Arzobispo de Esztergom-Budapest (Hungría)
Presidente del Consejo de Conferencias Episcopales Europeas (CCEE)

Lunes, 8 de octubre de 2012

1. Europa debe ser evangelizada. Lo necesita. Al tema de Europa se han dedicado ya dos Asambleas especiales del Sínodo de los Obispos. La primera después de la caída del muro de Berlín, en un clima de entusiasmo. La segunda en 1999, en los albores del Gran Jubileo. Los frutos de esta última fueron resumidos en la Exhortación Apostólica “Ecclesia in Europa” del Beato Juan Pablo II. Pasaron ya casi trece años. ¿Se cumplieron las esperanzas? ¿Se resolvieron o, al contrario, se agravaron los problemas?

2. Entre los signos de preocupación, el gran Pontífice mencionaba la “pérdida de la memoria y de la herencia cristiana” (Ecclesia in Europa, 7). Tal proceso se hizo aún más evidente en los últimos años. En la mayor parte del continente, no obstante muchas felices experiencias, se está difundiendo la ignorancia acerca de la fe cristiana. Muchos medios de comunicación de masa divulgan una presentación de la fe cristiana y de la historia que a veces abundan en calumnias, desinformando al público, ya sea sobre el contenido de nuestra fe que a propósito de la realidad de la Iglesia. También nuestra actividad catequística, sobre todo la que se hace en forma conjunta con las instituciones del Estado presenta muchos límites. El Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa promovió, hace unos pocos años, una encuesta en todos los países del continente sobre la situación jurídica, estadística, eclesial y cultural de la enseñanza de la religión. Los resultados revelan que en las escuelas públicas de muchos países es posible una enseñanza de la religión o de las religiones, pero no de la religión católica. Tal enseñanza de la religión, llamada neutral, sin embargo comporta más bien una educación al sincretismo o al indiferentismo.

3. La descristianización está acompañada por repetidos ataques jurídicos, y a veces físicos, contra la presencia visible de las manifestaciones de la fe.

Entre los signos preocupantes de hostilidad sistemática, el Observatorio europeo de cristianofobia registró muchos casos de discriminación y de violencia contra los cristianos en casi todos los países europeos. Con no poca frecuencia ocurre además que los tribunales rechacen la ayuda a las víctimas cristianas de dichos ataques. La gran mayoría de los casos de violencia y de discriminación debida a la pertenencia religiosa se cumple en Europa contra cristianos, sobre todo católicos.

4. La descristianización no es sólo un proceso espontáneo. Si la Exhortación Apostólica “Ecclesia in Europa” podía aún saludar “con satisfacción lo que se ha hecho para precisar las condiciones y las modalidades del respeto de los derechos humanos” (12), hoy debemos constatar con preocupación el surgimiento de lo que se llama “derechos humanos de tercera y cuarta generación”. Ellos no tienen vínculos más claros con la visión humana y cristiana del mundo, ni con la moralidad objetiva expresada también en las categorías del derecho natural. Su base, de este modo, con frecuencia es sólo de orden humano-positivo, como si el hombre con las propias opiniones y deseos fuese independiente también con respecto a la realidad misma.

“La pérdida de la memoria del cristianismo” va de par en par con los cambios antropológicos que son consecuencia de una cultura audio-visual, pero que debilitan los conceptos claros y el razonamiento lógico.

5. Dicho proceso implica un gran riesgo también para la sociedad civil. La “Ecclesia in Europa” (12) reconoce como fenómeno europeo positivo “la consideración dada al derecho”. Es necesario constatar lamentablemente que el estado de derecho se ha debilitado en los últimos años en varios países. La crisis financiera, sobre todo, ha obligado a los políticos a tomar medidas drásticas contrarias a la voluntad de los propios electores. La gente, frecuentemente, tiene la impresión de que la democracia tradicional está perdiendo su significado.

Se manifiestan además los signos de una ilusión según la cual es posible gobernar a la sociedad con los medios de comunicación de masa y la economía, renunciando completamente al derecho y la moralidad.

6. La gente en Europa, justamente por el descenso demográfico y el envejecimiento de la población, fenómeno estudiado por el CCEE hace dos años, por la crisis económica y el debilitamiento de la identidad cultural y religiosa, tiene hambre y sed de esperanza.

Las Jornadas Mundiales de la Juventud de Colonia y Madrid y las visitas pastorales del Santo Padre en varios países, han constituido un gran signo de esperanza y han tenido una eficacia misionera extraordinaria. El movimiento de masas, la participación de los medios de comunicación, las grandes celebraciones han tocado el corazón de la gente, particularmente sensible a este lenguaje de comunicación. Los efectos no son fugaces. En esas ocasiones diversos participantes han recibido hasta su vocación sacerdotal o religiosa. También algunos obispos volvieron profundamente conmovidos por estos encuentros.

La misión ciudadana organizada en muchos centros europeos ha tratado de dar relevancia a esta esperanza. “Quién nos mostrará la felicidad” (Sal 4, 7), decía el lema de la misión de París. “Hay esperanza para tu futuro” (Jer 31, 17), habíamos escuchado en la misión de Budapest. Estas misiones tuvieron resultados duraderos: además del múltiple contacto con la sociedad no creyente, dicha experiencia ayudó sobre todo a las parroquias a descubrir nuevamente su vocación para la misión hacia los no practicantes y también hacia los no creyentes. A partir del año pasado, cuando, con la ayuda del Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización, organizamos nuevamente una gran misión en doce ciudades europeas, se constató con alegría el espíritu de iniciativa en muchas parroquias. Para responder a la crisis familiar, hasta fue posible visitar a todas las familias católicas en nombre de la parroquia con el encargo del Obispo. Muchos laicos reciben ahora la formación para esta misión.

7. Se observa también el papel valioso de algunos movimientos de espiritualidad, ya mencionados en la “Ecclesia in Europa” (15). Ellos son una verdadera bendición para la Iglesia, si logran evitar la tentación post moderna de conformarse con sentimientos y percepciones particulares. La presencia activa en la misión de personas provenientes de otros países y de otros continentes, estimula mucho a los fieles europeos.

8. Otro signo de los tiempos, particularmente prometedor en Europa, es el aumento del voluntariado en las parroquias, especialmente en la obra caritativa. Los jubilados, sobre todo de edad comprendida entre los 65 y los 75 años de edad, demuestran una generosidad conmovedora y contribuyen a reforzar la solidaridad entre las generaciones.

9. Siguen estando presentes en Europa, lamentablemente, tensiones nacionales y étnicas. Cuestiones irresueltas sobre los Balcanes, la situación precaria de los católicos de Bosnia y varios conflictos ligados al fenómeno de la inmigración en el Occidente europeo requieren un testimonio equilibrado y, a veces, un paciente servicio por parte de la Iglesia.

Agradecemos a la Divina Providencia porque en los últimos años prosiguió, no obstante los problemas mencionados, la reconciliación entre las naciones europeas. Estimulados por Su Santidad Benedicto XVI, las conferencias episcopales de Eslovaquia y de Hungría pudieron suscribir en el año 2006 un acto de reconciliación. Su gesto puede servir de ejemplo para la sociedad de ambas naciones. Otro evento valeroso se ha verificado hace pocos meses. El Patriarca ortodoxo de Moscú y de toda Rusia, Cirilo, firmó en Varsovia con el Presidente de la Conferencia Episcopal Polaca un acto de reconciliación. En él, las partes confirman además su común intención de defender y hacer que sean acogidos los valores humanos y cristianos en Europa.

10. En este contexto se insertan los resultados ecuménicos más recientes. Aunque algunas nuevas comunidades sean intensamente anticatólicas y que otros ambientes cristianos busquen reafirmar su identidad mediante ataques contra la Iglesia católica, la colaboración práctica general entre las iglesias y las comunidades cristianas en Europa está creciendo. Un signo de este hecho es el Forum Católico Ortodoxo Europeo que se ocupa de asuntos actuales de moral y de doctrina social. Los encuentros con los representantes de todas las Iglesias ortodoxas expresaron un amplísimo consenso acerca de la familia y la vida, de los criterios de las relaciones entre Estado e Iglesia y la crisis económica. Con las comunidades protestantes también está creciendo en Europa el espíritu de fraternidad y solidariedad.

11. Además de todo esto, crece entre los obispos católicos de rito latino y oriental la conciencia de unidad, fraternidad y verdadera comunión.

Pedimos pues la luz del Espíritu Santo para los trabajos de este Sínodo y para toda la nueva evangelización. ¡Santa María, Madre de la Iglesia, ruega por nosotros!

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